Limp Bizkit detonó su propia fiesta retro en el cierre de Lollapalooza Argentina 2024

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“¿Quién quiere una fiesta como si estuviésemos en 1999?”, le preguntó el cantante de Limp Bizkit, Fred Durst, al masivo público que se había acercado al escenario Samsung.

Su pregunta, en plena noche de domingo en Lollapalooza, sonó como la invitación a un pacto: por los próximos 60 minutos vamos a fingir que los canales de videoclips dominan la industria, que el nu metal está en pleno apogeo y que la distorsión sigue erizándonos la piel. En otras palabras, vamos a olvidarnos por un rato de que ya pasó un cuarto de siglo. Y solo vamos a preocuparnos por saltar lo más alto posible.

Limp Bizkit, uno de los platos fuertes en la última jornada de Lollapalooza Argentina. (Foto: Adán Jones)

En un festival que tuvo destacados en su line up a grupos como Blink-182, The Offspring o Thirty Seconds To Mars, a priori, la presencia de Limp Bizkit venía a cubrir ese mismo cupo. Pura nostalgia soundsystem para gente que había empezado a escuchar música —y, luego, a bucear por diferentes eras, géneros y escenas—, a través de la gorra roja de los New York Yankees de Durst (este domingo usó una típica trucker).

Si en la noche del viernes los representantes del pop punk habían quedado algo desfasados con su propuesta (o sus chistes de escuela secundaria), la artillería pesada de éxitos de los oriundos de Jacksonville, Florida, de alguna manera sonó más aggiornada a esta era. Eso, o los machaques furiosos de la guitarra de Wes Borland (¡mención aparte para su traje y su máscara!) ya habían hecho efecto y era demasiado tarde para ejercer cualquier tipo de resistencia.

Una “situación de seguridad” obligó a frenar el show de manera abrupta. Desde los parlantes, una voz en castellano le pidió al público que retrocediera cinco pasos. Algo estaba pasando en la valla de adelante y, por unos minutos, el hechizo de Limp Bizkit corrió peligro de esfumarse en el aire. Para colmo, había ocurrido en el mejor momento de “My Generation”, cuando la canción por fin explota del todo (la fórmula básica, pero efectiva de la banda) y luego de una metralleta de hits criados al calor de MTV (arrancaron el show con “Break Stuff”, “Take a Look Around”, “Hot Dog” y “Rollin’”, nada menos).

Fred Durst calmó las aguas aclarando que sus conciertos son un lugar feliz (el recuerdo de Woodstock 1999 también prefirió olvidarlo), pidiendo que se cuiden unos a otros y optó por bajar un cambio con el primer cover de la noche, “Behind Blue Eyes”, la balada de The Who que grabaron en Results May Vary (2003).

Wes Borland y Fred Durst, de Limp Bizkit, el domingo por la noche en el escenario Samsung. (Foto: Adán Jones)

Con la barba blanca, unos lentes de instructor de snowboard y un colorido conjunto deportivo que se veía envidiablemente cómodo (memes aparte, admitámoslo, ya quedó atrás el pantalón cargo con cadenas y cinturón de tachas), Durst demostró que todavía puede cantar, además de pegar esos gritos guturales que vuelven locos a sus fans.

Limp Bizkit retomó la senda de la distorsión enseguida con otro clásico de su repertorio, “Nookie”. Para los que no habían podido asistir a alguna de sus anteriores visitas (la última había sido en 2016, en el Luna Park), la oportunidad de escuchar en vivo el scratching de DJ Lethal o la fuerza con la que le pega a los parches el baterista John Otto, fue un aliciente. Además, con un set tan corto, no había más opciones que tirar toda la carne al asador.

El cantante de Limp Bizkit y su colorida indumentaria en la noche final de Lollapalooza Argetina 2024. (Foto: Adán Jones)

Antes de terminar el show, la banda decidió dar una muestra de su linaje versionando “Killing in the Name”, de Rage Against the Machine, los verdaderos inventores de este asunto. Y, como ya se quedaban sin tiempo, no tuvieron ningún problema en repetir un tema del setlist. ¿Qué otro podía ser que “Break Stuff”? El que más veces tocaron en vivo en sus 30 años de carrera.

“¡Dos veces! —gritaba Durst— ¡Dos veces!”, para dejar en claro que la repetición era un regalo para su gente. Cuando empezaron a irse del escenario, DJ Lethal dejó sonando “Jump Around”, de House of Pain. Entusiasmado por la elección de su compañero (una banda irlandesa-norteamericana, en la noche de San Patricio), el cantante acompañó algunos versos y finalmente abandonó el micrófono. La señal era clara: el enérgico y ruidoso viaje al pasado había terminado.





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